La energía solar, un estilo de vida

Actualizado: abr 28

Cuando estaba terminando mi especialización en Energías Renovables en el Instituto de Energía Solar de California hace 4 años, el profesor nos invitó a celebrar la finalización del programa en un bar al son de unas cervezas. Para mí esto fue una gran sorpresa, ya que después de haber hecho mi pregrado como Ingeniero Mecánico, estaba acostumbrado a una barrera intangible entre el profesor y el estudiante, que hacía impensable que ocurriera un hecho así. Ese día entendí que la energía solar era mucho más que un tema técnico: Es un estilo de vida, es una comunidad de personas que creen en un cambio, es una unión entre ciudadanos unidos bajo la bandera del planeta.

Cuando volví a Colombia con el sueño de iniciar mi propia empresa y escuela de energías renovables volví a experimentar algo similar: Esta vez muchas personas se postularon como voluntarios para la construcción del instituto solar, porque les llamaba la atención aprender del tema. Acá descubrí el concepto de la construcción colectiva. Y más aún, en cada curso de energía solar que hemos dictado, nos hemos encontrado con el común denominador de este tipo de personas, las cuales creen en un mundo mejor. Esto es sin duda lo que más me motiva a seguir trabajando en este campo.

La realidad es que somos casi ocho mil millones de personas sobre la faz de la tierra y para 2050 posiblemente seremos diez mil millones. Ahora bien, todas estas personas hacemos algo en común: consumir recursos y contaminar. Es por eso que la educación ambiental es tan importante para los logros de sostenibilidad del planeta: debemos parar de pensar solo en nosotros mismos y empezar a pensar en comunidad: “Piensa global y actúa local”.

Mi maestro de energía solar lleva más de treinta años trabajando en instalaciones solares y siempre me dijo: “El eje fundamental hacia la transición energética es la educación”. Hace treinta años era necesario ir tocando de puerta en puerta con revistas impresas para educar a las personas. Hoy en día la era de las comunicaciones nos permite llegar a ciudadanos de todo el mundo, sin necesidad de salir de casa. Si pudiera rescatar algo bueno de esta pandemia, sería el verdadero aprovechamiento de las herramientas digitales y el teletrabajo, que además, han llegado para quedarse. Las empresas que no se adapten a esta nueva forma de comunicación tenderán a desaparecer. En el caso de Conexión a Tierra hemos sido conscientes de la necesidad de adaptar nuestros servicios a las necesidades y posibilidades del mundo actual. Hace seis meses solo dictábamos cursos a personas de Bogotá, hoy en día asisten a nuestros seminarios participantes de diferentes países. Y esta diversificación, que es posible a través de la globalización de la información, permite construir un conocimiento colectivo mucho más fuerte que el tradicional, alimentado por experiencias de todo el mundo. En otras palabras, poder saber cómo se trabaja en energías renovables al otro lado del mundo es sencillamente algo maravilloso.

Por otra parte muchas comunidades locales, lejos de la industrialización de las grandes ciudades, no tienen acceso al flujo de información de internet, lo anterior resulta una desventaja gigantesca en la era en la que vivimos. Con soluciones de energía solar es posible conectar estas regiones apartadas, y con esto llevar el poder del conocimiento a estos lugares. En consecuencia, el poder del trabajo en comunidad llega por sí solo, en donde no solo se soluciona el problema de acceso a la electricidad, sino que se estimula el sentido de pertenencia de las comunidades.

Con participación más revolución www.conexionatierra.org

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